en el intento. Algunos llegan a la mitad del camino; otros en cambio, sobrepasan
cualquier obstáculo que pudiera aparecer.
Los perseverantes saben bien que esperan oposición, pero no les sorprende
cuando llega. Aprenden a convertir cada piedra de tropiezo en los peldaños
de la escalera que les permita hacer crecer la fe. Esta tenacidad es llegar al
río, después de una larga caminata, y darte cuenta que no hay un puente
que te permita cruzar a la otra orilla. Lo único que hay son piedras que se
asoman en la superficie. Algunos comienzan a lamentarse porque no existe
otra forma de llegar. Otros, se animarán y afirmarán sus pies en ellas hasta
llegar al otro lado. Tienes que considerar qué tipo de persona pretendes ser.
Sé perseverante, persiste, hasta llegar al final.
Perseverar es continuar creyendo en la Palabra de Dios aún cuando todo
parece gritarte en la cara que las probabilidades son escasas. Es levantarte
después de una caída y con decisión caminar hacia la meta. Es ejercitar
cada día la confianza plena en Dios. Es sostenerte fuertemente del brazo del
Señor en contra de todo viento y marea.
Es dar cada paso con tesón y constancia, pues tienes la certeza de que
Dios caminará contigo. Es poner la mirada en la meta que Dios tiene preparada.
Es caminar confiado, trabajando paso a paso. Es enfocarte en las pequeñas grandes victorias del día a día.
El que persevera ha creído en el poder de la Palabra de Dios y permanece
por su fe. Sus pasos no están determinados por lo que sienten, sino por lo
que saben. Cree con todo el corazón que Dios sigue obrando y permanece
fiel. Él es justo para recompensarte por tu perseverancia. Con tu tenacidad,
estarás abriendo camino para los que vienen detrás de ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario